Leo en El País del sábado: “El 2 de febrero pasará a la historia como el día en que desaparecieron las dudas acerca de si la actividad humana está provocando el cambio climático; y cualquiera que, con este informe en la mano, no haga algo al respecto, pasará a la historia como un irresponsable“. El periodista atribuye la cita a Achim Steiner, director del Programa de naciones Unidas sobre Medio Ambiente. El artículo explica que “el desequilibrio que ha producido el hombre en el clima ya está hecho y, aunque las emisiones de gases de efecto invernadero se estancasen en el nivel de 2000, lo que es casi imposible, a los largo de este siglo la temperatura seguirá aumentando 0,1 grados por década.”
El cambio climático es imparable. Las conclusiones son devastadoras. Litorales que desaparecerán, huracanes más violentos, sequías más severas, inundaciones más graves, olas de calor…
Mi indignación crece cuando un par de páginas más adelante leo el siguiente titular “Un grupo ligado a Bush ofreció dinero a científicos y economistas para desacreditar el informe de París“
¿Hasta que punto puede considerarse el papel del presidente de los Estados Unidos como una amenaza a nivel planetario? Me caben pocas dudas al respecto. Si los EE.UU. se permiten el lujo (iba a decir la libertad, pero me parece que en este contexto el término sería pervertido) de invadir países en nombre de la supuesta democracia y de la supuesta seguridad mundial, si amenazan a otros países para que abandonen planes nucleares, ¿no deberían responder ante todos los demás Estados por su política energética, por no querer suscribir el protocolo de Kioto, por seguir generando tanto CO2 como les venga en gana? Que se lo cuenten a los países que están en riesgo de desaparecer bajo las aguas o de verse privados de ellas…
Es irreversible, es innegable, y hemos sido nosotros
Febrero 5, 2007Abrazos tribales
Enero 16, 2007Esta cita les va a encantar a mis compañeros de shiatsu. Leo en El País del 15 de enero “Los Nukak se expresan con abrazos, se toman de la mano, se dan golpes cariñosos en la espalda. “Es bonito abrazar, estar con todos”, dicen. El bakuan, uno de sus ritos más bellos, que se daba cuando dos grupos se encontraban, terminaba en un nudo de abrazos que podía durar horas”.
Así leído uno podría pensar que los Nukak forman parte de los relatos de Cortazar, junto con las famas, las esperanzas y los cronopios. Pero no, los Nukak, por ahora, existen. Y digo por ahora por que la guerrilla de las FARC los ha explusado de las que suelen ser sus tierras en la selva de Colombia. Digo “suelen ser sus tierras” por que los Nukak eran hasta ahora nómadas, y digo hasta ahora por que , en su calidad de refugiados, se convierten en sedentarios a la fuerza. La triste realidad de la tribu que se funde en abrazos es verse abocada al peligro de desaparecer, atenazada entre la presión de los colonos y del conflicto bélico en Colombia.
Entre los abrazos a los árboles y los abrazos de los Nukak, el blog se me está teletubizando. Y me parece muy bien. Como mi amiga María Rosa me dijo hace años, y no se me olvida, “reivindico les abraçades” (reivindico los abrazos). Seguro que nos irá mucho mejor con algo tan sano, natural y benefactor como tan noble gesto. Apaga ya el ordenador y vete a abrazar a alguien. Por que sí, por que te va a venir bien. Y a él/ella también. Be a Nukak, my friend…
1000 millones de árboles
Enero 13, 2007El recorte de prensa estaba junto a otros papeles que cayeron por mi buzón de Barcelona y que han acabado en Madrid. Es la contraportada de El País del día 3 de enero. “Para remediar la deforestación sufrida por la Tierra en la última década haría falta plantar 14.000 millones de árboles al año durante los próximos 10 años y cubrir con ellos el equivalente a dos veces la superficie de España”.
14.000 millones, al año, por 10 años… 140.000.000 de árboles.
La iniciativa de la Nobel de la Paz Wangari Maathai pretende un objetivo parece, por contraste, más discreto, pero que no lo es: conseguir que se planten 1.000 millones de árboles en el año en curso. Si te apuntas, visita la web del Programa de Medio Ambiente de la ONU.
Puede parecer una ñoñería, pero ver crecer un árbol que uno mismo ha plantado tiene algo de paternidad, algo de responsabilidad y bastante de belleza. A mi también me pareció bastante friky escuchar a alguien que decía que abrazaba árboles. Le di la credibilidad que merece una buena amiga, pero con el enfoque de quien cree que es un poco más realista. Hasta que años mas tarde, en el ámbito de un curso de Shiatsu, probé. Esa sensación de sentirse un poco estúpido, de pie ante un pino enorme en el Retiro, viendo a mis compañeros ya abrazados a columnas vegetales en una mañana soleada de primavera, y pensar que los que pasaban cerca nos verían… Pasados un par de minutos abarcando hasta donde me alcanzaban los brazos ese pino poco me importaba ya mi sentido del ridículo. Basta pedir permiso al árbol, abrazar, cerrar lo ojos, o dirigirlos a la copa, respirar, y dejarse llevar. Si te parece una chorrada, hazte un favor, pruébalo. Hazlo en serio, con ganas de abandonarte, de regalarte esos minutos de no hacer nada más que respirar con el pecho contra un árbol. Y luego me cuentas si de verdad sigues pensando que estas pequeñas cosas no valen la pena…
Escrito por Víctor
Escrito por Víctor
Escrito por Víctor